Qué es el Krautrock, bandas y álbumes para descubrirlo

krautrock

El krautrock es un subgénero musical surgido en Alemania a finales de los años 60, con su apogeo durante los 70, que tuvo una influencia enorme en el panorama creativo a nivel europeo y mundial. Su estilo mezcla elementos progresivos, electrónicos, psicodélicos y nuevas formas de generación y producción musical experimentales.

Es precisamente en esa manera de entender la creación de canciones y sonidos donde está su verdadera fuerza. Empezó como una forma casi despectiva de denominación (kraut es berza, repollo, en alemán) y ha acabado por ser un elemento insalvable para entender la evolución musical de la última mitad del siglo XX.

La propia etiqueta nació como una burla. Fue la prensa musical británica quien empezó a usar el término en los 70 con un tono claramente despectivo, y durante casi dos décadas el género quedó arrinconado bajo paraguas más vendibles como el rock progresivo o el psicodélico.

No fue hasta 1995, con la publicación de Krautrocksampler de Julian Cope, cuando la palabra recuperó un sentido casi de orgullo y el género vivió su verdadero redescubrimiento.

En una Alemania devastada culturalmente por las secuelas del nazismo y la guerra, y con una identidad aplastada por la ocupación estadounidense, el rock alemán casi no existía como tal hasta bien entrados los 60.

El vacío lo llenó, por un lado, la vanguardia académica de compositores como Karlheinz Stockhausen, de quien salieron directamente algunos de los futuros fundadores de Can.

Lo llenó también, por otro, la efervescencia de 1968: las revueltas estudiantiles que sacudieron Alemania, Francia e Italia empujaron a toda una generación hacia el rechazo de la autoridad heredada, justo cuando el rock anglosajón empezaba a sonarles a lengua extranjera insuficiente.

En ese contexto apareció una figura casi tan importante como cualquier banda de esta lista: Rolf-Ulrich Kaiser, periodista musical que en 1970 fundó el sello independiente Ohr con la idea, entonces rarísima, de publicar la música que nadie más quería editar. Sin Ohr, buena parte de las bandas que vienen a continuación no habrían tenido ni disco ni distribución.

Un género musical heterogéneo

Cualquier referencia al krautrock tiene que partir de la inexactitud, porque las bandas y los estilos aquí mencionados nada tienen que ver unos con otros.

No es un movimiento homogéneo, sino una etiqueta global para una época y una generación de artistas dispersos por toda Alemania que, sin ponerse de acuerdo entre ellos, acabaron construyendo algo reconocible. Tantos géneros se mueren de puro fundamentalismo que esta unión tácita, tan poco exigente con sus propias reglas, resulta rara de ver.

Cuatro maneras de entender el krautrock

¿Quieres un mapa, aunque sea parcial? Dentro del krautrock se pueden rastrear cuatro maneras de entender la música, que conviven y se solapan sin avisar.

El psych folk es la vertiente más cercana al hippismo europeo, con Amon Düül I y II como epicentro y Ash Ra Tempel como heredero directo: todavía con un pie en la guitarra acústica y otro en la improvisación colectiva.

El space rock es la deriva más cósmica, el momento en que esa misma psicodelia empieza a mirar hacia el sintetizador en vez de hacia dentro: aquí mandan Tangerine Dream y Cluster, y también momentos muy concretos de Amon Düül II.

El groove hiperminimalista es la cara más bailable y repetitiva del género, con Can, Kraftwerk y Neu! como triángulo central: aquí nace el famoso ritmo motorik de Klaus Dinger, tan repetitivo que hipnotiza, el pulso perfecto para conducir por la Autobahn sin mirar el reloj.

Y el rock de vanguardia es la esquina más ruidosa y menos condescendiente con el oyente, con Faust como estandarte, mezclando cinta cortada, ruido y melodía pop en el mismo disco sin pedir perdón por ninguna de las tres cosas.

Ninguna de estas cuatro etiquetas es estanca: la mayoría de las bandas que vienen a continuación pasaron por dos o tres de ellas a lo largo de su carrera, muchas veces dentro del mismo disco.

Para disfrutar de un movimiento tan disperso, lo mejor es empezar a escuchar. Aquí van diez puertas de entrada para tirar del hilo:

Bandas importantes en la escena Krautrock

CAN

Podemos hablar de Can como uno de los grandes grupos del krautrock y donde germinan muchos de los aspectos del movimiento. Su carrera es inabarcable por las idas y venidas, sonidos que fueron pregonando y abandonando; desde sus inicios de guitarreo sucio, pasando por la psicodelia hasta toques funk, o free jazz.

Visto desde nuestra época, se adivina que eran unos tipos un paso por delante. La heterogeneidad de Can es una de sus señas de identidad, y una de las de todo el género.

No es casualidad: Holger Czukay e Irmin Schmidt venían de estudiar con Stockhausen, y fue Michael Karoli quien les enseñó que «I Am The Walrus» de los Beatles también podía ser vanguardia. Con esa mezcla rara (academia seria más pop del bueno) grabaron horas y horas de improvisación con apenas un par de micrófonos, y luego montaban el disco a golpe de tijera, como quien edita una película.

Czukay lo resumió mejor que nadie: «la restricción es la gran madre del rendimiento creativo». Con Malcolm Mooney cantando encima de todo aquello, Can dejó de sonar a ejercicio de laboratorio y empezó a sonar, contra todo pronóstico, a banda de verdad.

Escucha «Moonshake» (Album: Future days)

KRAFTWERK

Quizás la huella más visible del krautrock en nuestros días la dejó Kraftwerk. Con una iconografía robótica y un aislamiento autoimpuesto, crearon un sonido que solo se puede calificar con el nombre que ellos mismos inventaron.

Medio siglo después, sus discos se siguen escuchando, remezclando y citando como quien cita una escritura sagrada.

El salto lo dieron en 1974 con Autobahn, veinte minutos de tema título que suenan a motor, limpiaparabrisas y bocinas envueltos en sintetizador: la versión más pulida (y más pop) del mismo motorik que Neu! llevaba años puliendo con guitarras.

Que editaran un corte de radio de tres minutos y este llegara al top 30 en Estados Unidos y Reino Unido dice mucho de hasta qué punto Kraftwerk entendió, antes que nadie en el género, que la vanguardia también podía sonar en la radio.

Escucha: Autobahn (Autobahn)

POPOL VUH

Si hablamos del krautrock como movimiento precursor de numerosos sonidos, Popol Vuh suponen el paradigma de la precursión de un elemento musical hasta entonces poco explorado.

Esta banda, comandada por un gran pianista, Florian Fricke, fue de las primeras en dar a un sintetizador todo el protagonismo. Popol Vuh son la parte más ambient del krautrock, siendo partícipes de numerosas bandas sonoras gracias a su inclinación por crear canciones atmosféricas y ricas en sonidos étnicos.

La colaboración que más lejos les llevó fue la que mantuvieron con el cineasta Werner Herzog, para quien pusieron música a media docena de películas (Aguirre, Nosferatu, Fitzcarraldo entre ellas). Es raro encontrar una banda krautrock cuya obra se entienda mejor viendo cine que escuchando discos sueltos, pero con Popol Vuh el consejo funciona.

Escucha: Aguirre I (Aguirre OST)

ASHRA

En el mismo sentido tampoco podemos pasar por alto una de esas bandas que compusieron la estela surgida del primer Krautrock. Ashra fue una banda que ahondó más en los sonidos etéreos y atmosféricos de Popol Vuh, con un carácter más psicodélico.

Su álbum, New Age of Earth, es todo un viaje.

Antes de firmar como Ashra en solitario, Manuel Göttsching lideraba Ash Ra Tempel, que mezclaba la intensidad de MC5 y los Stooges con la corriente más cósmica que ya exploraban Amon Düül II. Estaban editados por Ohr, así que nadie les frenaba, hasta que después de su segundo disco se cruzaron con Timothy Leary y el sonido se volvió aún más espacial.

Göttsching también sufrió en sus carnes a Kaiser: cuando este empezó a explotar su nombre en discos cada vez más discutibles bajo el paraguas Cosmic Jokers, acabó hartándose del todo.

Propuesta para escuchar: Sunrain (New Age of Earth)

FAUST

Una de las bandas determinantes de todo el movimiento, su disco debut comprende una amalgama de sonidos que pueden casi identificar al género por completo.

Faust se puede identificar con la subescena más industrial del kraut, con sonidos rasgados y ásperos que conforman alguno de los mejores temas del género. Su disco, Faust IV, para recordar.

Detrás estaba el productor Uwe Nettelbeck, empeñado en que Faust no sonara a nada que viniera de la escena anglosajona, ni por casualidad. Se instalaron en una vieja escuela y tardaron año y medio en grabar su debut, editado en Reino Unido en vinilo transparente dentro de una carátula también transparente: un gesto tan absurdo como memorable que enganchó a un puñado de fans, John Peel entre ellos, antes que a nadie más.

La leyenda se terminó de fraguar con The Faust Tapes: se vendieron 50.000 copias en 1973, y la noche que sonó en el programa de Peel, este empezó a leer en directo los más de veinte títulos de canciones que no aparecían en ningún sitio del disco.

El cantante de Simple Minds, Jim Kerr, contó años después que él y sus amigos tiraron su copia desde la azotea de un edificio en Glasgow. Que se lo tomaran tan en serio, para bien y para mal, dice todo lo que hay que saber de Faust.

Puedes empezar con: Krautrock (Faust IV)

AMON DUUL

En este grupo encontramos otro de los formatos de banda que cristalizaron en el krautrock. Amon Duul fue una comuna artística situada en Munich que exploró una vertiente progresiva y psicodélica, con piezas que surgían de largas improvisaciones y que suponen uno de los referentes del movimiento kraut más experimental.

Este proceso creativo dio frutos en dos bandas consecutivas: Amon Duul I y Amon Duul II.

La comuna original reunía a diez o doce artistas en Múnich, dedicados a hacer arte político sin más ambición comercial que la de tocar en directo durante horas, muchas veces gratis. En 1968 los miembros con más oficio musical se separaron para formar Amon Düül II, dejando a Amon Düül I como el brazo más crudo del proyecto original.

Su primer disco, Psychedelic Underground, salió de una sesión de improvisación de 48 horas seguidas. Amon Düül II, en cambio, sí construía canciones: el tema que cierra Phallus Dei dura veinte minutos y pasa de collage electroacústico a rock operístico y de ahí a un desmadre de percusión antes de volver a empezar.

«Sandoz in the Rain» (dentro de Yeti) tiene fama de ser, para quien le guste ponerse solemne, el primer disparo del space rock tal y como lo conocemos.

Cope, que le dedicó a la banda buena parte de su libro, se queda con la portada de su directo Live In London: un insecto gigante con casco de soldado alemán arrancando la torre de Correos de Londres de cuajo mientras platillos volantes arrasan la ciudad. Para él es la imagen más divertida (y más krautrock) del movimiento entero.

Escucha: I cant wait (Hijack)

NEU!

Con el dueto NEU! (Michael Rother y Klaus Dinger) estamos hablando de una de las mejores noticias para la música, y de las más fugaces. Más tarde tendrían idas y venidas, pero fue en sus primeros años donde dejaron perlas consideradas influencia por multitud de artistas posteriores.

Uno de sus temas característicos, Hallogallo, es considerada una de las canciones que mejor muestran la escena krautrock, con el ritmo motorik tan característico y marcada por una personalidad industrial y de experimentación sonora.

Cuando el dúo se rompió, cada uno tiró por su lado y, contra pronóstico, los dos acertaron. Dinger formó La Düsseldorf, que en su disco debut mete un tema de trece minutos construido sobre dos acordes en el que una y otra vez se repite la palabra «Düsseldorf», hasta que al final entra un estadio entero coreándola como si fuera un himno de fútbol.

Rother, por su parte, se unió a Dieter Moebius y Hans-Joachim Roedelius (de Cluster) para formar Harmonia, un supergrupo que en su momento pasó casi desapercibido.

El crítico británico Biba Kopf lo definiría después, traducido, como «probablemente el más misteriosamente ignorado de todos los grandes grupos alemanes de mediados de los 70». Nosotros firmamos esa frase entera.

No te pierdas: Hallogallo (NEU!)

CLUSTER

Una de los mejores descubrimientos cuando nos adentramos en el krautrock fue precisamente Cluster. Quizás el grupo que más supo explorar los sonidos espaciales que luego influirían determinantemente en muchas bandas con carácter ambiental posteriores.

Famosas son sus colaboraciones con Brian Eno, pero para disfrutar de ellos recomendamos que comiences con:

Mientras otros psiconautas del género insistían en el viaje interior, Cluster prefería quedarse en la superficie: bucles de guitarra, pedales de efectos y una insistencia casi hipnótica en el drone.

Cluster & Eno, publicado en 1977, se adelantó un año entero a Ambient 1: Music for Airports. A veces la historia oficial del ambient se olvida de quién llegó primero.

Empieza con: Sowiesoso (Sowiesoso)

GURU GURU

Esta es una de las bandas de rock dentro del movimiento que pueden inscribirse mejor en la tradición del rock clásico. Como no, a esta base de identidad más o menos clásica, se le sumaron numerosos elementos psicodélicos y de distorsión.

El resultado es una de las mejores opciones para quien se quiera acercar al kraut desde los caminos más habituales del rock de la época.

Su batería, Mani Neumeier, se dejó ver también fuera de Guru Guru: fue él quien se sentó tras los tambores en Deluxe, el disco de Harmonia del que hablamos unas líneas más arriba. Prueba de que en el krautrock las mismas manos se repartían constantemente entre proyectos que a simple vista sonaban muy distintos.

Una de sus mejores canciones: Oxymoron (Känguru)

TANGERINE DREAM

Otro de los colosos del Krautrock, en este caso explorando la parte más electrónica del movimiento. Su importancia dentro de la escena alemana y mundial es más que evidente.

Ayudaron a conformar lo que luego serían las bases de la música electrónica de las décadas venideras.

Su primer disco, Electronic Meditation, se grabó en octubre de 1969 en Berlín Occidental, entonces una ciudad amurallada y rodeada de la nada del bloque del Este.

Edgar Froese, Klaus Schulze y Conrad Schnitzler llevaban ya varias vidas musicales a sus espaldas cuando se juntaron, y las siguientes fueron aún más prolíficas: Schulze publicó más de cincuenta discos en solitario, y Schnitzler llegó a sacar catorce en un solo año de los 80.

Para 1974, con Phaedra, el grupo ya había abandonado casi del todo la guitarra: todo el disco está compuesto y tocado con sintetizadores y secuenciadores, un adelanto de la música electrónica que llegaría una década después.

Escucha: Phaedra (Phaedra)

Alguno de los mejores álbumes de Krautrock:

    • Autobahn – Kraftwerk
    • Trans-Europe Express – Kraftwerk
    • NEU! – NEU!
    • Faust IV – Faust
    • Future days – CAN
    • Phaedra – Tangerine Dream
    • Zuckerzeit – Cluster
    • Aguirre – Popol Vuh
    • Kanguru – Guru Guru
    • New Age of Earth – Ashra
    • Phallus Dei – Amon Düül II

Esa sombra alargada se puede señalar con nombres concretos. El post-punk más frío, empezando por Unknown Pleasures de Joy Division, no se entiende sin el pulso hipnótico que Can y Neu! llevaban puliendo desde una década antes.

David Bowie se mudó a Berlín a grabar con Eno persiguiendo, en parte, ese mismo sonido.

Y cuando el post-rock de los 90 (Tortoise, Stereolab, el Sonic Youth más experimental) quiso alejarse de los clichés del rock progresivo, el manual al que volvió una y otra vez fue el krautrock.

Incluso el modelo de sello independiente que hoy damos por sentado le debe algo a Ohr: antes de los cientos de sellos pequeños que existen ahora, alguien tuvo que demostrar primero que la música que no encajaba en ningún sitio también merecía salir en vinilo.

Esto es, como siempre, una invitación a la escucha: alguna de las mejores puertas del krautrock, abiertas para que cada uno explore por donde quiera.

El movimiento se expandió tanto que hoy se le pueden encontrar herederos hasta en discos que ni siquiera saben que lo son. Solo diremos una cosa: la sombra del krautrock es alargada. Para bien.