Mazzy Star y el miedo escénico que se convirtió en estilo

Silueta de una cantante a contraluz azul en un concierto de Mazzy Star

Hay canciones que parecen sonar desde la habitación de al lado. "Fade Into You" es una de ellas: una guitarra acústica sin ninguna prisa, un slide que se arrastra y una voz que casi pide perdón por estar ahí.

Lo curioso es que la banda que la grabó, Mazzy Star, hizo todo lo posible por no dejarse ver. Su cantante actuaba casi a oscuras, y lo que muchos tomaron por pose era, sobre todo, incomodidad ante el público.

Para entenderlo hay que empezar por otra banda. A mediados de los 80, el guitarrista David Roback, que venía de Rain Parade y de la escena Paisley Underground de Los Ángeles, montó Opal con Kendra Smith, la primera bajista de The Dream Syndicate.

Grabaron un disco, Happy Nightmare Baby (1987), y salieron de gira. En diciembre de ese año, Smith se bajó del barco a mitad de camino y dejó la música durante una temporada.

La sustituta fue una amiga suya, Hope Sandoval, a la que Roback ya había grabado años antes. Terminaron juntos la gira europea a principios de 1988 y, con lo que quedaba de Opal, cambiaron de nombre. Mazzy Star nació así: como un relevo de urgencia.

Lo que salió de esa pareja fue algo más lento y más brumoso. El blues psicodélico de Roback, frenado hasta casi detenerse, y la voz de Sandoval flotando por encima sin levantar nunca el tono. El debut, She Hangs Brightly, llegó en 1990.

El segundo disco, So Tonight That I Might See, salió el 27 de septiembre de 1993. Ese año la radio americana era de Seattle y de las guitarras a todo volumen. Ellos tocaban como si no quisieran despertar a nadie, lo que no parecía un gran plan comercial.

"Fade Into You" la firmaron entre los dos: Sandoval la letra, Roback la música. Se publicó como single en 1994 y tardó en arrancar. Fue un éxito a fuego lento, de los que llegan cuando ya nadie los espera, casi un año después del disco.

Acabó en el puesto 44 del Billboard Hot 100 y en el tercero de la lista de rock alternativo. Es su único single en el Hot 100. Sobre el papel no impresiona, pero para una banda que sonaba a las cuatro de la madrugada fue un terremoto silencioso.

¿El problema? El éxito trae focos, y a Sandoval los focos no le gustaban nada.

En directo cantaba casi a oscuras, con una luz tenue a la espalda, tocando la pandereta o la armónica y apenas dirigiéndose al público. Hubo quien lo tomó por desdén.

Ella lo explicó de forma mucho más sencilla en una entrevista con Rock and Roll Globe: no se siente cómoda en un escenario, y eso de salir y encontrarse de golpe con luces y focos le parece algo muy raro.

En los 90 le llovieron críticas por ello. Incluso en su etapa de regreso, tras Seasons of Your Day (2013), hubo conciertos en los que parte del público se marchó a mitad, esperando ver algo más que siluetas.

En 2017 contaba en la radio pública de Boston, WBUR, que en los 90 la presionaban por su forma de estar en el escenario, pero que hoy la gente ya acepta no ver bien a la banda. Lo que era un defecto acabó siendo una firma.

Nosotros creemos que esa oscuridad del escenario es la misma que hay en los discos. Mazzy Star no se presentaba, se insinuaba.

Y eso se nota al escucharlos. No es una banda de estribillos pegadizos ni de subidones alegres. Al principio cuesta entrar: todo va despacio, las canciones se parecen entre sí y nada te agarra de la solapa.

Pero si le das un rato, pasa algo. Las canciones dejan de ser canciones y se convierten en un lugar. Una especie de trance suave que te saca de donde estás y te deja en otra parte, con la luz baja y sin mirar el reloj.

Es música para meterse dentro, no para tararear. En una época en la que todo tiene que engancharte en los primeros diez segundos, nos parece un pequeño acto de resistencia.

Por eso encajan tan bien en el dream pop, aunque ellos venían más del blues y de la psicodelia que de la escuela de Cocteau Twins.

Y quizá por eso "Fade Into You" envejece tan bien. Nunca dependió de una cara ni de una pose que pudiera pasarse de moda. Solo de una voz en penumbra.

David Roback murió en febrero de 2020, a los 61 años. La canción, en cambio, sigue ahí, sonando desde la habitación de al lado.