El sueño es, quizás, una de las mayores necesidades de todo humano. Te lo dice quien lo pierde, quien lo añora, o quien se despierta constantemente. Aun así, hay que saber que la forma en que dormimos ha cambiado drásticamente a lo largo de los siglos. Actualmente, la recomendación común es dormir entre siete y ocho horas continuas cada noche, ese es el mito, pero, ¿siempre fue así? Un vistazo a la historia revela que nuestros antepasados tenían hábitos de sueño muy distintos. La práctica del sueño bifásico, o en dos partes, era la norma durante siglos, especialmente en la Edad Media.
El Sueño en dos partes: ¿mito?
El concepto de dormir en dos partes es un fenómeno bien documentado en la historia. Investigaciones como las del historiador Roger Ekirch indican que esta forma de dormir era común antes de la Revolución Industrial. La gente solía acostarse poco después del anochecer, dormía unas cuatro horas, se despertaba durante una o dos horas, y luego volvía a dormir hasta el amanecer. Durante este período de vigilia intermedio, conocido como «horas entre sueño» las personas realizaban diversas actividades: rezar, reflexionar sobre sus sueños, realizar tareas domésticas ligeras, e incluso socializar con vecinos. Este patrón de sueño estaba profundamente enraizado en la vida cotidiana, especialmente en las sociedades preindustriales.
El psiquiatra Thomas Wehr realizó un experimento en la década de 1990 que respaldó la idea de que el sueño bifásico es una respuesta natural del cuerpo humano. Al reducir la exposición a la luz artificial y extender el tiempo en la oscuridad, los participantes comenzaron a mostrar un patrón de sueño bifásico similar al de nuestros antepasados.
Dormir a lo Largo de la Historia
En la prehistoria, los seres humanos dormían de acuerdo con los ciclos naturales de luz y oscuridad. El sueño bifásico probablemente ayudaba a vigilar el entorno y protegerse de posibles peligros. Durante la época de los romanos y griegos, menos documentado, es probable que también existieran patrones de sueño segmentado, adaptándose a las exigencias sociales y climáticas de la época. En la Edad Media, el sueño bifásico era evidente, con registros que mencionan el «primer sueño» y el «segundo sueño».
El Renacimiento y la Revolución Industrial trajeron cambios significativos. La introducción de la iluminación pública y el aumento de la jornada laboral consolidaron el sueño en un solo período nocturno. La llegada de la electricidad en el siglo XIX permitió que la noche se prolongara con actividades que anteriormente eran imposibles, alterando aún más los patrones de sueño tradicionales. En el siglo XX, la vida moderna, con su ritmo frenético y la disponibilidad de luz artificial, consolidó la idea de dormir en un solo bloque. Actualmente, aunque algunas culturas mantienen la tradición de la siesta, la mayoría de las sociedades industrializadas ven el sueño consolidado como la norma.
El Mito de las 8 Horas: Impacto del Insomnio y Oportunidades
La creencia de que se deben dormir ocho horas seguidas es relativamente moderna. Este paradigma, aunque beneficioso para algunos, no es una regla universal. De hecho, el insomnio, especialmente el de mantenimiento del sueño (despertarse en medio de la noche y no poder volver a dormir), podría ser un remanente de nuestro antiguo patrón. Por eso veamos esto como una oportunidad, podemos abordar el insomnio desde una perspectiva diferente. Esto abre oportunidades para que las personas adopten un enfoque más flexible hacia sus patrones de sueño, permitiendo períodos de vigilia nocturna para actividades relajantes y productivas.
Experimentos Modernos y Casos Notables
En la actualidad, hay personas que han experimentado con patrones de sueño bifásico y polifásico (varios períodos cortos de sueño distribuidos a lo largo del día). Figuras históricas como Leonardo da Vinci, Thomas Edison y Nikola Tesla practicaban formas de sueño segmentado, utilizando siestas cortas para complementar el sueño nocturno. En los tiempos modernos, algunas personas, como los participantes del experimento de Thomas Wehr, han intentado volver al sueño bifásico con resultados positivos. Estos experimentos muestran que el cuerpo humano puede adaptarse a diversos patrones de sueño, y que los beneficios incluyen una mayor productividad y un mejor manejo del tiempo. Incluso hay un experimento bastante interesante que se recoge en este artículo de la revista Vice donde uno de sus redactores lo prueba, y muestra sus hallazgos.
La historia del sueño humano nos enseña que no hay una única forma correcta de dormir. Desde los patrones bifásicos de la Edad Media hasta el sueño consolidado de la era moderna, nuestras prácticas de sueño han evolucionado con los cambios sociales y tecnológicos. Al final de todo, dormir bien es un placer, sea como sea.
Imagen cabecera: El sueño de Jacob de José de Ribera (Museo del Prado)





