Antonio Gaudí: el genio asceta que puede ser santo

Pasó del lujo a una vida de asceta centrado en su gran obra: el puente entre el hombre y Dios

Publicado el: 19/05/2024

Niño frágil, estudiante irregular

Aún no se sabe con certeza dónde nació realmente Antoni Gaudí. Aunque es seguro que fue en 1852, no está claro si fue en Reus o en Riudoms. Que sirva esta pequeña anécdota para mostrar que estamos ante la vida de un genio, tan enigmático y espectacular que hasta el día de hoy nos apasiona. Gaudí era hijo de un calderero y ya desde pequeño tuvo una salud frágil, sufría de reumatismo (dicen que en sus retiros para descansar aprendió eso de observar la naturaleza). El joven Gaudí destacaba en dibujo, colaboraba en semanarios satíricos y planeaba restauraciones de monasterios en falansterios utópico-sociales. La vida de Gaudí empezaba a cristalizar en algo frágil, creativo y genial.

A los 23 años hizo el servicio militar, aunque fue eximido de muchas tareas por su fragilidad: siguió con los estudios de arquitectura. Se graduó con 26 años y dicen que no tuvo un gran expediente (se interesaba más por sus proyectos propios que en las asignaturas). Su estilo y métodos eran tan únicos que Elies Rogent, director de la Escuela de Arquitectura, comentó al otorgarle el título: «Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá».

joven gaudí
Gaudí, con 26 años (Pablo Audouard)

El camino hasta la Sagrada Familia

Sus primeros encargos importantes fueron las farolas para la Plaza Real y la Casa Vicens. El diseño para una vitrina de la Guantería Comella en la Exposición Universal de París en 1878 impresionó al industrial Eusebi Güell, quien se convirtió en su principal mecenas, de ahí salieron algunos de los proyectos más famosos como el Parque Güell y el Palacio Güell. Gaudí era un arquitecto que no venía de familia rica y no tenía muchos contactos en Barcelona, por lo que iba haciendo trabajos y presentándose a concursos para ir haciéndose un nombre.

Llegamos a 1883 donde Gaudí, con 31 años, aceptó la tarea de continuar las obras del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia en Barcelona, un proyecto que cambiaría su vida y que partía con un diseño que inicialmente no era suyo (prueba de ello son los primeros planos del templo, diametralmente opuestos a lo que sería después). En principio Gaudí no aceptó este trabajo por una motivación religiosa, pero si era algo que le motivaba mucho a nivel profesional. Lo que iba a ser un encargo para unos años se transformó en una obra de vida, y algo que cambiaría al propio Gaudí.

La vida de Gaudí, del lujo al ascetismo

El contraste en la vida de Gaudí es evidente. En su juventud disfrutó del lujo y la buena vida, era conocido por su gusto por la vestimenta elegante, asistió a teatros, tertulias, eventos sociales… No obstante, si hablamos estrictamente de lo físico, Gaudí era rubio y de ojos azules, poco común en España, eso seguro le hizo destacar en cualquier ambiente. Pero con el tiempo, su personalidad se transformó. Las teorías que más quieren construir el perfil católico de Gaudí dicen que, diseñando la Sagrada Familia, tuvo una revelación, que vio a Jesús… Otras teorías hablan de su enamoramiento de Pepeta Moreu, que rechazó una propuesta de matrimonio…

Fuera como fuese, la vida del joven arquitecto que imaginaba el socialismo utópico pasó a ser la del ferviente creyente, asceta y volcado en el edificio que conectaría al hombre con Dios.

¿Era creativo?

La respuesta es evidente. Sin duda, la creatividad de Gaudí fue un punto clave de su personalidad, su capacidad para visualizar espacios y formas tridimensionales desde una edad temprana fue extraordinaria. Esto se reflejaba en su enfoque arquitectónico, donde la naturaleza no solo inspiraba sus diseños, sino que dictaba sus formas y estructuras. Uno de los ejemplos fue su innovación en las columnas, que combinan geometría, mecánica y simbolismo. Al experimentar con el movimiento helicoidal y la incorporación de giros en sentido opuesto, Gaudí logró sintetizar diferentes estilos históricos en una nueva forma arquitectónica, quería una conexión entre la tierra y el cielo, integrar significado y forma, que la Sagrada Familia fuese el puente entre el hombre y Dios en cualquier detalle, desde las torres que se alzan como árboles hasta las fachadas que narran la vida de Cristo.

interior sagrada familia
Interior Sagrada Familia / El hipnótico CC BY 4.0

Cómo vivía Gaudí: fe, nutrición y hábitos

Influenciado por la devoción de su madre y su propia búsqueda espiritual, Gaudí desarrolló una profunda religiosidad que se reflejaba en su día a día con un estilo de vida casi monástico. Vivía en el estudio de la Sagrada Familia y tenía unas rutinas estrictas. Era vegetariano y dicen que en sus últimos años apenas se alimentaba de leche, fruta con piel (que incluso debía ser tomada directamente del árbol), ensaladas y frutos secos como almendras o avellanas. Gaudí comentó que siempre tenía hambre y nunca se levantaba de la mesa sintiéndose lleno. No fumaba, no tomaba licores, no tomaba carne y ayunaba por temporadas.

Un día en la vida de Gaudí comenzaba su día con duchas de agua fría para activar su circulación, después pasaba todo el día en la Sagrada Familia trabajando. Al final del día, Gaudí solía caminar hasta la Iglesia de San Felipe Neri (iba caminando a todos los sitios) para asistir a misa y confesarse. Al regresar a su estudio, continuaba trabajando hasta altas horas de la noche, a menudo durmiendo solo unas pocas horas antes de comenzar de nuevo. Dormía con las ventanas abiertas todo el año, daba igual invierno o verano porque creía en los beneficios del aire fresco y la luz solar.

Como anécdota, comentar que los invitados que comían con él en su estudio al lado de la Sagrada Familia tenían que buscar un restaurante cercano después para comer un poco más porque quedaban insatisfechos (los cereales integrales y las ensaladas no son para todo el mundo).

La Barcelona de Gaudí, convulsa pero dinámica culturalmente

La Barcelona en la que vivió Gaudí fue una ciudad marcada por el cambio, pero con un cierto dinamismo económico y cultural que creó el perfecto caldo de cultivo para que figuras como él resaltasen. A nivel político España pasó por una monarquía inestable, un periodo republicano y la restauración borbónica. En cuanto a la economía, al menos esa Barcelona tuvo la llamada «febre d’or» (fiebre de oro), una época de gran auge debido a la expansión de la industria textil y metalúrgica. Esto trajo una cierta conflictividad social, la polarización entre la burguesía emergente y la clase obrera era evidente, lo que llevó a frecuentes conflictos laborales y la introducción de nuevas ideologías obreras como el anarquismo y el socialismo. Aun así, a nivel cultural Barcelona fue un foco de actividad que se ha terminado por llamar la Renaixença, un movimiento de renacimiento cultural catalán que promovió la literatura en catalán y la revalorización de la identidad cultural catalana. Este periodo también marcó el surgimiento del modernismo, del que Gaudí fue figura clave y cuya personalidad es innegable. Esa combinación de elementos coloridos, líneas complejas, mosaicos, junto con la tradición (más sobria y más ligera) estética mediterránea ha sido un boom del cual a nivel estético Barcelona se sigue aprovechando.

Muerte por atropello

La tarde del 7 de junio de 1926, Antoni Gaudí se dirigía a su rutina habitual: visitar la iglesia de San Felipe Neri para confesarse. A sus 73 años, el aspecto de Gaudí reflejaba una vida de ascetismo extremo; vestía con ropas sencillas y descuidadas. En su camino, mientras atravesaba la concurrida Gran Vía de las Cortes Catalanas, entre las calles Gerona y Bailén, fue sorprendido por un tranvía de la línea 30. Absorbido en sus pensamientos, el célebre arquitecto no se percató del peligro y fue arrollado violentamente, el impacto lo dejó gravemente herido en el pavimento. Su aspecto desaliñado llevó a los transeúntes y conductores a confundirlo con un mendigo. Varios taxistas se negaron a auxiliarle. Fue un guardia civil quien, tras percatarse de la situación, obligó a un conductor de taxi a llevar a Gaudí a un dispensario primero y después al Hospital de la Santa Cruz, donde se confirmó la gravedad de sus lesiones: fracturas de costillas, contusiones severas y una hemorragia interna.

Gaudí permaneció en estado crítico durante tres días. A pesar de los esfuerzos médicos, su condición empeoró, y el 10 de junio de 1926, falleció en el hospital a las cinco y diez de la tarde. La autopsia reveló que las lesiones internas, especialmente la presión en el cerebro y la sangre acumulada en el pericardio, fueron fatales.

Las circunstancias de su accidente y la posterior falta de ayuda inmediata generaron diversas teorías. La más extendida es que Gaudí, debido a su aspecto desaliñado, no fue reconocido por los primeros testigos del accidente. Varios conductores de automóviles pasaron sin detenerse, y sólo la intervención decidida del guardia civil aseguró que fuera llevado al hospital. Además, se cuenta que en el hospital, al recuperar brevemente la consciencia, Gaudí pidió recibir los Santos Sacramentos, esto va más en la linea de su ya conocida aura de hombre santo y místico.

El entierro de Gaudí fue un evento multitudinario. A pesar de sus deseos de una ceremonia sencilla, miles de personas se congregaron para despedir al arquitecto en una procesión que recorrió las calles de Barcelona desde el Hospital de la Santa Cruz hasta la Sagrada Familia, donde fue enterrado.

¿San Antonio Gaudí? El proceso de canonización está en marcha

La obra de Gaudí puede reflejar su intención de conectar al hombre con la divinidad, como persona puede haber llevado una vida virtuosa, pero hay muchos seguidores de su obra que esperan incluso su canonización. Para ser santo se necesitan pasar varias etapas, alguna de las cuales ya ha pasado Gaudí, ese es el punto interesante.

Resumiéndolas, primero, se debe reunir un conjunto de documentos y testimonios sobre la vida y virtudes del candidato, quien inicialmente es declarado Siervo de Dios. Este es el punto en el que la causa de Gaudí se encuentra actualmente. Luego, tras una investigación rigurosa y la aprobación de la Congregación para las Causas de los Santos, el candidato puede ser declarado Venerable si se reconoce que ha vivido de manera heroica las virtudes cristianas.

Para avanzar a la beatificación, es necesario probar un milagro atribuido a la intercesión del Venerable. En el caso de Gaudí, se está a la espera de tal milagro, esencial para su beatificación. Si se logra demostrar el milagro, el Papa puede aprobar el decreto de beatificación, tras lo cual Gaudí sería llamado Beato. Finalmente, para ser canonizado como santo, se requiere un segundo milagro que ocurra después de la beatificación. Este proceso garantiza que solo aquellos que hayan demostrado una vida de santidad y la intercesión divina sean reconocidos como santos.

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