La leyenda de la isla de San Brandán, también conocida como la Isla Perdida, San Borondón, o las Islas Afortunadas, ha fascinado a navegantes, cartógrafos y aventureros durante siglos. Relatada por el monje irlandés San Brandán, aquí lo que se buscaba era el Paraíso Terrenal, pero se descubrió otra cosa por el medio. Veamos cuánto de realidad y de ficción tiene el asunto.
Qué era la isla de San Brandán, de dónde viene la historia
La historia de la isla de San Brandán proviene del relato «Navigatio Sancti Brandani», compuesto alrededor de los siglos X-XI, en él se describe las aventuras del monje irlandés San Brandán de Clonfert y catorce de sus compañeros en una épica travesía de siete años por el Atlántico en busca del Paraíso Terrenal. San Brandán, un abad del siglo VI, inició su viaje a petición de otro monje, Barinto, quien afirmó haber visitado una isla maravillosa. En su periplo, San Brandán encontró numerosas islas fantásticas, incluyendo una isla-pez, identificada con el pez gigante Jasconius, donde celebraron misa antes de que despertara y se revelara como una criatura marina. Esta historia se difundió ampliamente en Europa, alimentando la imaginación y las esperanzas de descubrir nuevas tierras más allá de los límites conocidos del mundo.
Dónde estaba
La ubicación exacta de la isla de San Brandán varía según las fuentes y los mapas históricos. En el atlas «Theatrum Orbis Terrarum» de Abraham Ortelius de 1570, la isla aparece en la latitud 50° norte, frente a las costas de Irlanda. Otros mapas medievales y renacentistas sitúan la isla en diversas partes del Atlántico, desde las proximidades de las Azores hasta cerca de las Canarias o incluso al oeste de Irlanda. Algunos relatos sitúan la isla en un mar envuelto en densas nieblas, inalcanzable para quienes no navegan en nombre de Dios. La ambigüedad en su localización contribuyó a la proliferación de mapas que la incluían en diferentes lugares, reflejando la mezcla de deseo y misterio que rodeaba su búsqueda.
La isla de San Borondón tiene una relación fascinante con las Azores, Madeira y las Islas Canarias en términos de localización según la cartografía. En varios mapas históricos, como el de los hermanos Pizigani y el planisferio de Andrea Bianco, la isla de San Brandán, identificada con San Borondón, aparece situada cerca de las Azores. Otros, como en el mapa de Toscanelli, conocido por Cristóbal Colón, se coloca al suroeste de Madeira, reforzando la idea de su existencia en esa parte del Atlántico. En otros como el de Hereford se ubicaban en el extremo occidental del mundo conocido, un lugar asociado con la leyenda y la esperanza de encontrar el Paraíso Terrenal.
En cuanto a su relación con las Islas Canarias, la leyenda de San Borondón ha tenido una presencia significativa, con descripciones que la ubican al oeste del archipiélago, entre las islas de La Palma, La Gomera y El Hierro. Leonardo Torriani, un ingeniero encargado por Felipe II para fortificar las Canarias a finales del siglo XVI, describió sus dimensiones y localización basándose en testimonios de marinos que afirmaban haberla visto.
Aunque se considera que la visión de San Borondón es una ilusión óptica o espejismo superior, la leyenda ha perdurado, vinculando a esta isla mítica con los archipiélagos vecinos de manera perdurable en la cultura y la cartografía histórica.
Su relación con la cartografía real
La historia menciona lugares que podrían corresponder a islas reales como las Feroe, Islandia o incluso las costas de América del Norte, lo que sugiere que San Brandán podría haber sido uno de los primeros europeos en alcanzar el continente americano, siglos antes de Cristóbal Colón. Tim Severin, un historiador y navegante británico, recreó el viaje de San Brandán en 1976, utilizando una embarcación tradicional irlandesa llamada curragh. Su travesía demostró que era posible navegar desde Irlanda hasta América del Norte con tecnología del siglo VI, pasando por islas que se asemejan a las descritas en la «Navigatio». Severin llegó a Terranova en 1977, sugiriendo que el viaje de San Brandán podría haber tenido una base real, aunque adornada con elementos míticos.
No es la única: otras islas mitológicas
La isla de San Brandán no es la única isla mítica en la historia y la mitología. La primera que se nos viene a la mente es la Atlántida, descrita por Platón en sus diálogos «Timeo» y «Critias», se dice se hundió en el océano Atlántico en un solo día y noche de infortunio. Otra similar es la Isla de los Muertos. En varias mitologías, como la celta, existe la idea de una isla donde los muertos habitan en paz. Es un lugar de reposo y serenidad, separado del mundo de los vivos por un mar oscuro y misterioso. En la leyenda artúrica tenemos a Avalon, la isla donde el Rey Arturo es llevado para ser curado de sus heridas tras la Batalla de Camlann, por supuesto, inaccesible para los mortales comunes.





