El método de aprendizaje de la Bauhaus: suena moderno y es de hace 100 años

En 1919, en medio del caos y la reconstrucción post Primera Guerra Mundial, un arquitecto visionario, Walter Gropius, fundó en Weimar, Alemania, una escuela que no solo redefiniría el diseño y la arquitectura, sino que también cambiaría para siempre la relación entre arte y vida cotidiana. Esta escuela, la Staatliche Bauhaus, o simplemente Bauhaus, se convirtió rápidamente en el epicentro de una revolución estética que buscaba unir funcionalidad y belleza, eliminando las barreras entre artesanos y artistas.
La Bauhaus (Casa de la construcción en alemán) fue fundada con la misión de reconciliar el arte y la artesanía en un momento en que la industrialización amenazaba con deshumanizar la producción. Gropius, hijo y nieto de arquitectos, había trabajado con Peter Behrens, uno de los pioneros del diseño industrial, y estaba profundamente convencido de que el diseño debería ser tanto funcional como estéticamente agradable. La Bauhaus buscaba educar a los estudiantes en una variedad de disciplinas artísticas y técnicas.
El estilo Bauhaus se caracteriza por su enfoque en la funcionalidad y la simplicidad. Sus principios fundamentales incluyen la máxima «la forma sigue a la función», lo que significa que el diseño de un objeto debe ser dictado por su propósito. Los materiales utilizados son a menudo industriales y modernos, como el acero, el vidrio y el concreto, y las líneas de diseño tienden a ser limpias y geométricas. Este estilo busca la eficiencia y la utilidad, rechazando la ornamentación innecesaria.
Cómo era la vida de un estudiante Bauhaus
Uno de los aspectos más destacados de la Bauhaus fue su enfoque multidisciplinario. Los estudiantes no se limitaban a una sola forma de arte, en cambio, se les animaba a explorar una amplia gama de disciplinas. Esto incluía pintura, escultura, diseño gráfico, arquitectura, teatro, fotografía y artesanía. La idea era romper las barreras entre las diferentes formas de arte y promover una comprensión holística del proceso creativo.
El Vorkurs, o curso preliminar, fue una innovación clave, era obligatorio de seis meses y tenía como objetivo liberar la creatividad de los estudiantes y prepararlos para los estudios más especializados. El Vorkurs se centraba en los fundamentos del arte y el diseño, explorando aspectos como la teoría del color, la percepción de formas y materiales, y el desarrollo de habilidades manuales. Se creía en la importancia de que los estudiantes experimentaran directamente con los materiales para entender sus propiedades y posibilidades.
Después del Vorkurs, los estudiantes se especializaban en uno de los muchos talleres disponibles en la Bauhaus. Estos talleres incluían metal, madera, textiles, cerámica, tipografía… Cada taller estaba dirigido por un maestro artesano y un maestro de forma, combinando habilidades técnicas con una comprensión teórica del diseño. Por ejemplo, el taller de muebles dirigido por Marcel Breuer permitió a los estudiantes trabajar directamente en la creación de piezas funcionales mientras aprendían los principios del diseño moderno.
La importancia del diseño funcional
Uno de los lemas más importantes de la Bauhaus era «La forma sigue a la función». Esto significaba que el diseño debía ser ante todo funcional y que la estética debía derivar de esta funcionalidad. Este principio se enseñaba en todos los aspectos del currículo, desde el diseño de muebles hasta la arquitectura. Los estudiantes aprendían a considerar la utilidad y la eficiencia en sus creaciones, produciendo obras que eran tanto bellas como prácticas. Esta escuela en su época contó con un elenco impresionante de maestros como Kandinsky, Paul Klee, László Moholy-Nagy y Ludwig Mies van der Rohe. Cada uno de estos maestros aportaba sus propias perspectivas y métodos pedagógicos, enriqueciendo la experiencia educativa de los estudiantes. Kandinsky, por ejemplo, ofrecía cursos sobre la teoría del color y la abstracción, mientras que Klee se enfocaba en la composición y la creatividad.
Realmente es casi imposible pensar hoy en día, con escuelas tan centradas en currículos estatales y tan estrictas, que instituciones de la época ya introdujeran la fotografía, el cine y el diseño industrial en su día a día, con proyectos reales, encargos para empresas, todo para ya ser conscientes que su arte y sus diseños deben estar contrastados con la vida real y con el contexto práctico. También tenían fuera del aula una comunidad: fiestas temáticas, reuniones, teatro… Fiestas como la Fiesta Blanca o la Fiesta del Metal se convertían en eventos legendarios, donde todos contribuían con decoraciones y disfraces elaborados, convirtiendo la Bauhaus en un verdadero laboratorio de creatividad y expresión. Todo para romper la rutina y fomentar la creatividad. Si lo escuchan hoy en día no es algo moderno, es algo que se lleva haciendo 100 años.
Cierre en Alemania y dispersión mundial
Cuando el régimen nazi cerró la Bauhaus en 1933, la comunidad de estudiantes y maestros se dispersó por todo el mundo. Este cierre abrupto fue una consecuencia de la creciente hostilidad del régimen nazi hacia lo que consideraban ideologías subversivas y judío-socialistas, asociadas con la Bauhaus. Muchos de los maestros y estudiantes más destacados emigraron a Estados Unidos, donde encontraron un terreno fértil. El cierre dispersó a sus miembros, pero a la vez también sirvió como catalizador para la difusión de sus ideas. Esta diáspora de talento no solo aseguró la supervivencia de los principios de la Bauhaus, sino que también los adaptó y enriqueció a través de nuevas culturas.
Las mujeres de la Bauhaus, apartadas al telar
La Bauhaus admitió mujeres desde su primer año, algo poco habitual en una escuela de arte de 1919, y llegaron a ser casi la mitad del alumnado inicial. Pero la igualdad se quedó a medias: la mayoría fueron dirigidas, con más o menos disimulo, hacia el taller de tejidos, considerado «más apropiado». Aun así, de ese taller salió una de las figuras más influyentes de la escuela, Gunta Stölzl, que en 1927 se convirtió en la única mujer en alcanzar el rango de maestra (Meisterin) de un taller Bauhaus, y bajo cuya dirección el departamento de tejidos pasó de ser una sección secundaria a una de las más rentables e innovadoras de toda la institución.